Alice in Wonderland, la educación sexual se canta

María Díaz Moreno

Alice in Wonderland (Bud Townsend, 1976), Alicia en el país de las pornomaravillas en castellano, es una película pornográfica musical basada muy libremente en la novela de Lewis Carroll.

En esta versión, Alicia, interpretada por Kristine De Belle, es una joven bibliotecaria que se ha quedado estancada en la adolescencia. Cuando su novio trata de tener un muy inocente contacto físico con ella, Alicia se escabulle y le recrimina su actitud, lo que provoca una riña en la pareja. Es entonces cuando aparece el Conejo Blanco que la guiará al país de las maravillas, donde recibirá un curso de ética sexual acelerado.

A través de canciones algo horteras y números musicales simpáticos, la joven transiciona de una sexualidad infantil a una adulta. Así, la adolescente, antes de ser sexualmente activa, debe descubrir qué le gusta, pasando por sus propias fantasías sexuales; como bien dice el segundo número musical de la película, «en tu imaginación puedes ser quien quieras». Cuando Alicia comienza a tener fantasías duda sobre la moralidad de las mismas. Sin embargo, una vez que está a solas, da el paso natural que sigue a las primeros pensamientos eróticos: la primera masturbación. En esta escena Alicia contacta, de manera figurada y literal, con la naturaleza, la masturbación va guiada por la voz del bosque en el que tiene lugar. La sesión se muestra como una parte natural de cosas gracias a la yuxtaposición de imágenes de Alicia y el entorno; el sexo es tan orgánico como los árboles, el arroyo o las piedras del bosque.

Poco después, en su encuentro con el Sombrerero Loco, el primer hombre al que ve desnudo, deja de lado la vergüenza del cuerpo propio y del ajeno y entiende que el sexo es materia y experiencia compartidos. Así, Alicia, entre tetas y canciones innegablemente setenteras, aprende de lecciones propias y ajenas a comenzar a confiar en sí misma y en sus instintos. Gracias a dejar de escuchar a otros para comenzar a escuchar a su cuerpo, supera los prejuicios sobre la virginidad que la alejaba de su pareja. De esta forma, poco a poco, conoce el papel de la empatía, la comprensión y la química en las relaciones sexuales.

Cuando Alicia consigue zafarse de la malvada reina, que desea convertirla en su esclava sexual, está ya preparada para aplicar lo aprendido en el mundo de fantasía en la realidad. Alice in wonderland, además de ser una especie de El mundo de Sofía para jóvenes con picores, es una película divertida con el sexo propio de la década, números musicales bien llevados, disfraces peor traídos, juegos de palabras y persecuciones en tetas.

Imagen de Alice in Wonderland (Bud Townsend, 1976)
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