Andrew Blake y el porno de otra época

Andrew Blake (vía Wikipedia)
Javier Vidal

Si hay un director de películas para adultos reconocible de un solo vistazo —mucho antes de que el cerebro envíe las primeras señales a los órganos sexuales— ese sería Andrew Blake, el esteta por antonomasia, el Helmut Newton de la penetración, un paladar melífero en un universo de flujos que asiste rabioso al reinado de Pornhub y su erotismo de iPhone X con resolución a 2436×1125 píxeles.

Porque nunca hubo ni habrá nadie que entienda el arte de hacer películas X de una manera tan ostentosa, convirtiendo una simple cópula en una performance sobre alfombra de oso polar recién cazado, repleta de consoladores de diamantes y música original de Raoul Valve en la que los actores —generalmente actrices recién salidas de un número especial de Penthouse— gimen en playblack arrodilladas en el salón de una mansión barroca con vistas a un atardecer oceánico. Todo excesivo, coreografiado de tal manera que es inevitable pensar en Marina Abramovich a hombros de Gianni Versace llevando las riendas de una escena de sexo convertida en movimiento de carne y látex.

Y es que Andrew Blake pertenece a una estirpe perdida entre las descargas y los sitios gratuitos. Nacido en 1947 bajo el nombre de Paul Nevitt se labró una sólida reputación dirigiendo películas eróticas en The Playboy Channel, más concretamente con la serie “Fantasies”. A medida que se hacía un hueco en la industria comenzó a desarrollar una fijación por las manos (y lo que hacen las parejas con ellas) que le llevaría a entablar contacto con la productora de porno duro Caballero Video. Resultado: una de las pocas obras maestras del género que se recuerden, “Night Trips” (1989). La película muestra los sueños eróticos de una mujer anorgásmica, Tori Wells en su mejor versión, conectada a una máquina que le permite explorar sus fantasías sexuales en presencia del doctor Randy Spears y su asistente Porsche Lynn. Se trata de una vuelta de tuerca tecnológica del clásico “Garganta profunda” (1972) con la que obtuvo numerosos premios en los Óscar del porno, los premios AVN, incluyendo el de mejor fotografía y la primera posición entre los 101 mejores títulos para adultos de todos los tiempos.

Ya en la década de los noventa, obsesionado con los Dry Martinis servidos en zapatos stiletto “Made in Manolo Blahnik”, las vulvas entre ligueros de seda y un sentido de la estética que le llevaría a filmar algunas películas frente a la torre Eiffel y el Coliseo Romano, creó su propia productora Studio A Entertainment, dando rienda suelta a una visión del género que perduró hasta el cambio de siglo, momento en que los presupuestos para follar frente a una cámara descendieron hasta el amateurismo casero.

El propio Blake, llevado por la necesidad de crear arte con rollos de película, reconoce tener tres musas, mujeres invadidas de belleza y sensualidad que convierten cada plano en una obra de Rembrandt. Su favorita es Tori Black, capaz de dominar ella solita a una manada de sementales y a la que dirigió en “Voyeur within” (2009) y “Sex Dolls” (2010). Junto a la californiana de verbo sucio destaca la ninfa de las pecas Faye Reagan, discípula aventajada de la poetisa griega Safos y protagonista de su película “Paid Companions” (2009), y Dahlia Grey, estrella absoluta en “Les femmes erotiques”(1993) y “Dark Angel” (1997), ésta última filmada en 35 milímetros.

Hoy es 9 de julio de 2019 y la industria no se parece en nada a lo que era allá por 1994. Solamente los viejos compran DVD’s, la moda y la arquitectura son cosas de modernos y no hay espacio para la dirección creativa y los hielos en la era del gang bang y las corridas en la cara y, sin embargo, algunos directores con Andrew Blake a la cabeza continúan ofreciendo una visión diferente de lo que pueden ser las películas para adultos, mundos oníricos repletos de ficción que seducen, que erotizan, que entretienen, pedazos contemporáneos pertenecientes a una época tan lejana como el blanco y negro. Eso sí, en digital y disponible en su página web.

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