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Bisexual porn, el problema de la visibilidad y una oda ferroviaria

Lo que la industria ha llamado bisexual porn no es más que un trío equitativo entre dos hombres y una mujer cis y se caracteriza por su falta de jerarquías sexuales y recursos que compensa ampliamente con juegos de roles poco frecuentes y unos trenes que no tienen nada que envidiar a los talgos.

Lo que no se ve en el video de Pamela y Tommy

Santa Mónica. 1995. El mundo se hace el boca a boca al ritmo de C.J. —pronunciado cejota— corriendo con un salvavidas. Detrás de este rol, o más bien por delante, se encontraba la última gran vigilante de una era en la que ser famoso implicaba comprar tinte para el pelo cada mañana, luz blanca y frontal para espantar la arruga y cierto misterio cotidiano. Lo contrario significaba una sola cosa: malditos paparazzi, me han vuelto a pillar.

Obsesionadas con Owen Gray

¿Qué tiene este chico tirando a alto, hambriento y casi calvo, portador del cuerpo de un alienígena recién salido de unas zarzas, repleto de tatuajes y nacido con un pene-regalo para ser el actor porno más buscado en Internet? Misterio.

PornHub: arte, porno y campañas publicitarias

Tradicionalmente, la historia del arte y la museística han evitado la palabra pornografía y han preferido los más que ambiguos términos como erótico —«exaltación del amor físico en el arte»— o sensual —«que incita o satisface los placeres sensuales»—.

Porno y nazismo

La relación entre nazismo —ideología antidemocrática, totalitaria, autoritaria y racista envuelta en trajes de Hugo Boss— y la pornografía se gesta en el mismo momento en que Hitler llega al poder el 30 de enero de 1933.

Confesiones de una trabajadora sexual: Melissa

Melissa tiene 29 años, pero en la red su edad fluctúa al ritmo de sus nombres. La ciudad de Maizales es la única constante para varios alter ego que Melissa asume según sus necesidades y las de sus clientes.

Cogidos por detrás: retrospectiva del sexo anal en el porno

Resulta que en pleno siglo XXI —no sabremos qué nos deparará el XXV—, nuestro mundo, tan bajonero como él solo, continúa inmerso en una cosmogonía falocentrista. En ese agujero negro, y en lo relativo al cine porno, el ano es el amo indiscutible, ya sea del género gay, hetero, trans o en la cocina.