Confesiones de una trabajadora sexual: Melissa

Foto de Sincerely Media (Vía Unsplash)
Javier Vidal

Conocí a Melissa en “Sala Equis”, uno de los pocos lugares de Madrid que todavía mantienen vivo el espíritu de esta ciudad tal y como una vez la soñamos. Hasta que te despiertas con la mascarilla puesta. A los pocos segundos de conversación me enseñó un video en el móvil. Ahí estaba ella, con esa cara entre indígena y gitana guapa, de labios arqueados y pelo azabache que se transforma en bola de espejos con cada movimiento del cuello, fino, sugerente, mulato. Hablaba con un susurro de aire, dejando entrever sus orígenes colombianos y cierta desconfianza propia de aquellos que lidian a diario con las fantasías sexuales más periféricas. En el video realizaba un gesto de agradecimiento a toda la humanidad, y eso que prefiere a las mujeres. Por supuesto, teníamos que entrar en su cabeza, mostrar una pequeña parte de la vida escondida de aquellos que sacan rendimiento económico del sexo y todo lo que oculta. Bueno, del sexo en una pantalla y limitado por la ausencia de dermis.

Melissa tiene 29 años, pero en la red su edad fluctúa al ritmo de sus nombres, siempre cambiantes. La ciudad de Maizales es la única constante para varios alter ego — hasta un total de siete—, arquetipos de la mujer definidos por la psiquiatra Jean Shinoda Bolen y que Melissa asume según sus necesidades… y las de sus clientes. Como casi siempre en estos casos, todo comenzó por accidente. Con apenas 17 años acompañó a su hermana a una entrevista de trabajo en unas oficinas de aspecto sospechoso. El anuncio especificaba digitadora, pero en realidad se trataba de una tapadera para reclutar candidatas en nombre de My Free Cams, plataforma de chat erótico con chicas aburridas mirando a cámara.

Comencé echando una mano con la decoración de las habitaciones de las chicas y tecleando en inglés, y terminé como administradora. Al cabo de un año me dí cuenta de que podía hacer lo mismo desde mi propia casa, con la ayuda de un ordenador y una webcam. Transmitía dentro de la plataforma y de vez en cuando realizaba pases privados. En aquella época no había una infraestructura como la actual, era muy nuevo, y más en Colombia. Para los pagos utilizaba Western Union, así que salía corriendo de casa, iba a la sucursal más cercana, retiraba el dinero, volvía y hacía el show. Era 2010, y las cosas han cambiado un poco.

¿Cómo sentirse a uno mismo a través de una máquina?

Melissa (@18mm67)

Ahora existen cientos de plataformas (Only Fans, Pornhub…,) pero Melissa tiene una clientela fija desde la época en la que Skype y Snapchat dominaban la fibra y que le permite mantener su independencia, tanto económica como performativa. La contrapartida es que debe tener cuenta la pasarela de pago de cada país del usuario: Bizum en España, Zoom en Estados Unidos, Lydia en Francia…, y sus seguidores abarcan el mundo entero. Así se enfrenta al presente:

En los últimos años he experimentado mucho la soledad—relata—. Durante años solamente pensaba en términos de la persona que sólo existía en la pantalla y al mismo tiempo es una empresa de carne y hueso. Cada día debía crear nuevo contenido para generar interés. Pero ¿cómo sentirse a uno mismo a través de una máquina? Y ahí surgen los periodos depresivos, los ataques de pánico unidos a la exclusión social de un trabajo en el que te desnudas, literalmente. De hecho, con mis primeras parejas me inventaba lo que hacía, y así mis relaciones se sustentaban en una mentira, lo que hacía imposible mantenerlas a largo plazo. Un mes como mucho. Cuando fui capaz de dar el paso me encontré que algunas no soportaban el hecho de tener que “compartirme”. Después de experimentar la libertad de expresarse con el cuerpo se hace muy complicado encajar en el mundo.

Lo que Melissa pretende es hacer caer las máscaras. Y así abraza a sus seguidores con sus traumas e inseguridades, lo que implica despojarse también de sus propios roles, mostrarse tal y como es, o al menos tal y como la perciben con su anillo en la nariz y ese halo de intriga. Ante la pregunta ¿sientes placer?, ella responde que a veces. Sin embargo, en las relaciones sexuales fuera de cámara es cada vez más consciente del daño que hace el consumo de pornografía, tanto que tiene asumido que casi todos actuamos, sobre todo la gente joven. Desean tomar el escenario, interpretar su papel, pegarte, centrarse en el orgasmo y se olvidan de lo más importante: los sentidos y la paciencia. Están conectados y al mismo tiempo desconectados de sí mismos.

Su propuesta es muy sencilla y la vez conceptualmente compleja: experimentar desde lo sensorial. Así aplica terapias como la psicomagia —sí, Jodorowski sale en la conversación— que alterna con el tarot y las típicas nalgadas. Por un tip de 1500 tokens puedes disfrutar de una sesión que incluye un diagnóstico, meditación guiada o reiki y un baño energético relajante, además de hacer que te corras si así lo deseas. Vamos, que el trabajo sexual se mezcla con la psicología de una habitación sin vistas.

Todos queremos contacto íntimo, tocar y ser tocados, y a través de la sexualidad sublimamos nuestras energías, las transformamos en algo distinto. Y sí, es posible hacerlo a través de un móvil. De hecho, hay una dependencia cada vez mayor de la tecnología, lo que nos aleja del amor.

Melissa se entusiasma hablando de caos y la lucha feminista, de la necesidad de volver a la unidad tántrica de hombre y mujer, y saca a relucir la gran mentira de la pornografía, arte escénico empeñado en mantener una ficción a todo precio. Algún día, el hombre será capaz de integrar su parte femenina y la mujer su parte masculina dice con esa cara de Rati tropical.

Antes de terminar la entrevista le hago la pregunta del millón, ¿te gusta el porno? Melissa sonríe y dice que sí, pero sobre todo el de chicas, crudo, natural, sin arreglos, aunque no lo consume para masturbarse, le saca de la historia.

Hemos intentado entrar en la cabeza de Melissa, una mujer fascinante que reivindica la paciencia en un mundo que gira a todos lados a más de 300.000 kilómetros por segundo. Buscadla en Instagram —usuario @18mm67—, hablad y perded la cabeza. Con ella se confirma que el sexo es el consuelo que nos queda cuando ya no nos alcanza el amor.

Comments (0)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.