Coronavirus, porno y trabajo sexual: del meme al drama social

Fotografía de Irene Strong (Vía Unsplash)
María Díaz Moreno

Después del primer momento de memes y el segundo de histeria colectiva —perfectamente resumidos ambos en esta calculadora de papel higiénico para la cuarentena, contando con la actividad masturbatoria— se han podido ver las consecuencias de la pandemia en la industria pornográfica. Ya se han detectado las primeras alteraciones en el cosumo de pornografía. Durante las medidas de aislamiento social que prolongaron el Festival de la Primavera en China el buscador principal en el país, Baidu Index, ha registrado un aumento en las búsquedas de palabras clave para pornografía, prohibida en el país. A la llegada del virus a Occidente, los términos «coronavirus» «covid 19» o «quarantine» surgieron en los buscadores, al comienzo vinculados a producciones amateur pobladas de mascarillas que oscilaban desde la ciencia ficción postapocalíptica al drama cotidiano, y que con el paso de las semanas se han convertido en meros reclamos con los que renombrar escenas anteriores al confinamiento o realizaciones aficionadas que nada tienen que ver con estas locuciones.

La primera reacción de la industria pornográfica no fue más allá del aplazamiento de los principales eventos de los próximos meses (Adultcon 2020, DomCon Los Angeles, Transgender Erotica Awards , LALexpo, Eurowebtainment). Algunas plataformas ofrecieron cuentas premium durante el confinamiento en algunos países más afectados por el virus o abrieron de forma gratuita sus archivos históricos. A su vez, grandes productoras (Evil Angel, Gamma Films, WankzVR) anunciaron de forma unilateral la detención de su actividad.

Sin embargo no fue hasta el día 31 de marzo cuando la Coalición para la libertad de expresión (FSC en sus siglas en inglés), la asociación gremial pornográfica de Estados Unidos, convocó un cese de producciones voluntario tanto en el país como en Canadá. Quince días antes lo reclamaba solo para los estados con políticas sobre distanciamiento social y con una duración prevista de solo dos semanas, tal y como en principio California, el estado en el que se concentra la mayor parte de la industria, había comunicado a la población. Estas directrices son voluntarias porque la FSC solo tiene capacidad de control y cierre mandatorio en caso de contagio de enfermedades e infecciones de transmisión sexual. Recomiendan eso sí, en caso de continuar con el trabajo, que sea siempre desde casa, en solitario o con compañeros con los que se conviva. La FSC justifica estas recomendaciones como un paliativo temporal a la situación económica en la que dejará el confinamiento a muchos trabajadores sexuales.

La precarización, o en algunos casos el directo desamparo, que afecta a los trabajadores sexuales de toda condición, especialmente mujeres y dentro de las mismas el colectivo de mujeres transexuales, ha empeorado radicalmente estas últimas semanas. En Estados Unidos, No Justice No Pride, ONG que proporciona alojamiento para las trabajadoras sexuales en dificultades, anunció no poder hacer frente la demanda. Su directora, Emmelia Talarico, declaró ante la agencia Reuters el riesgo al que se exponen dichas trabajadoras bajo la medicina de triaje: «Cuando los médicos eligen quién vive y quién muere, una mujer trans de 50 años con VIH no será la primera persona a la que priorizarán». En España se han movilizado campañas de crowdfunding, por otro lado sin mucho éxito, como fondo de resitencia para prostitutas al mismo tiempo que se han realizado desalojos en macroprostíbulos donde la actividad laboral ya no es posible, dejando de esta forma a las prostitutas no solo sin fuente de ingresos, al no poder acceder a paro y a las ayudas excepcionales derivadas del estado de alarma, sino además sin hogar.

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