Los límites de la ficción

A causa de mi formación profesional, en la que me enseñaron que el dato debe ser narrado para trasmitirlo a la audiencia, he desarrollado con el tiempo bastante interés por las zonas grises entre los géneros de ficción y no ficción. No soy la única aficionada si se tiene en cuenta el volumen de entretenimiento generalista que se encuentra en las grietas entre ambos campos: desde los reality shows hasta el reciente fenómeno de la autoficción literaria, pasando por el caso de Sálvame, un programa en el que los colaboradores interpretan durante cuatro horas al día un personaje que tiene el mismo nombre que la persona real.

Buck Angel: la estrella porno trans

-Hola, me llamo Buck Angel, soy un hombre al cien por cien pero tengo coño.
Así es como se presenta este poderoso fortachón repleto de tatuajes talegueros, cabeza como una avellanita y mirada un tanto tímida, casi acuosa, y que no oculta lo que a simple vista podría parecer un secreto: la identidad de las personas está más relacionada con la historia que cuentan sus ojos que con el sexo genital.

Unidad Mínima de Medida

A pesar de que la pornografía cinematográfica nace con la propia tecnología que la hace posible, su exhibición y distribución masiva comienza en los 70, en la llamada Edad de oro del porno, en parte lubricada por el sexplotation de la década anterior. Éste es el motivo por el cual, a pesar de que la asistencia masiva a las salas X era un acto contracultural y casi político, la pornografía asimiló en este momento la narrativa y las formas del cine convencional, en vez del underground en el que había permanecido durante el resto del siglo XX. Producciones tanto homosexuales como heterosexuales de esta época duran entre la hora y la hora y media y tienen un arco argumental más o menos elaborado.