Premios AVN, los Oscars del porno no son los Oscars… son mejores

Javier Vidal

Desde 1984, la alfombra roja se despliega también en Las Vegas, Nevada. En esa encrucijada, mitad exceso, cuarto mentira y un poco satisfayer, tiene lugar la ceremonia de los premios AVN, siglas para Adult Video News, o lo que es lo mismo: el negocio del placer hecho revista. Las limusinas hacen cola en la puerta del Hard Rock Hotel & Casino, el tuxedo se alterna con los pezones al aire y cientos de seguidores esperan pacientemente para hacerse una foto con James Deen… y tal vez pedirle un papel en su próximo vídeo amateur. En la ultima edición —trigésimo séptima y anterior al coronavirus— las encargadas de presentar la velada fueron Emily Bloom y Nikki Benz, y Doja Cat y Diplo amenizaron los intermedios con un poco de música prefabricada.

A pesar de que los premios AVN siguen los pasos obscenos del viejo Oscar y sus veinticinco categorías, en la gala es prácticamente imposible no resultar premiado, citado o nombrado de perfil. Y sí no, tampoco pasa nada porque al menos esa noche follas. Además de las sempiternas nominaciones a Mejor Actor —Randy Spears, Mike Horner y Evan Stone comparten cinco galardones cada uno—, Mejor Actriz —Jeena Fine es la Katharine Hepburn del X—, Mejor Película y Guión Original (porque premiar el vestuario está de más en estos casos), surgen decenas de categorías —actualmente son 75— a cada cual más interesante: Mejor Serie Anal, Mejor Actriz MILF, Mejor Actuación No Sexual, Mejor Escena en Grupo, Mejor Especialidad Busto Grande e incluso el “Fan Award” en el que los aficionados del género votan a la Mejor Actriz Transexual, a su Webcam Favorita y al Culo más Caliente. Todo sin olvidar el beneficio para el espectador, ahora encerrado en casa entre montañas de papel higiénico.

Por otro lado, los nombres artísticos —tanto de actores y actrices como de las películas— superan por bukake a los tibios Scarlet Johansson, Margot Robbie o Rami Malek del cine convencional. En estos saraos te encuentras con Luna Star, Diamond Foxxx o Johnny Sins. ¿Y qué decir de títulos como “Ally McFeal”, “Asspocalypto”, “Easy Ride her” o “Malcom XXX”? El porno demuestra no solo su capacidad para convertir en ficción masiva el acto más íntimo, sino que posee la seriedad suficiente como para no tomarse demasiado en serio. Además, en pleno movimiento inclusivo es de agradecer que Kendra Lust ganara el premio a la Mejor Performance Madura en 2017 con la nada desdeñable edad de treinta y nueve años, o que Angel Deluca obtuviera el premio BBW (Big Beautiful Woman) siendo dueña de unas medidas XXL nunca vistas sobre la alfombra roja de Los Ángeles. Es más, durante esa noche los miembros de una comunidad tradicionalmente estigmatizada son alabados en público, llegando a concederle la tan deseada estatuilla a Alisha Klass, actriz que se caracteriza por su prodigiosa elasticidad anal y un squirting de otro planeta. Oro puro.

Es importante destacar que —como casi siempre— estos premios comenzaron sin hacer demasiado ruido, circunscritos a una hoja pegada: los ganadores eran seleccionados por el editor y se incluían en el número mensual correspondiente. En apenas dos años, allá por 1986, pasaron del papel al Hotel Tropicana, escenario amenizado por números musicales, pajas por debajo de la mesa, cómicos y presentadores y, por supuesto, todo el apoyo de una industria erecta. Son los años de Gynger Lynn (Mejor Actriz por “Project Ginger”), Buck Adams (Mejor Actor por “Rockey X”) y “Ball Busters” como Mejor Película. Después darían el salto al mundo mainstream, con cómicos de la talla de Redd Foxx o raperos como Ice T pavoneándose entre pubis depilados y champagne del caro. Por supuesto, el evento no tardó en ser retransmitido por la televisión de pago Spice Channel.

Durante los años noventa la afluencia, el nivel de silicona por metro cuadrado y los costes desbordaron a la organización. El Bally’s Hotel & Casino dio paso al Hotel Riviera y de ahí al Caesar’s Palace hasta terminar depositándose como una gota de semen en la entrada del Venetian, oda a lo hortera en mitad desierto de Nevada. Como dato de interés decir que, además de obsequiar a los asistentes con comida y bebida en abundancia, se incluía un pequeño detalle del patrocinador: lubricante… y no para lavarse las manos precisamente. El evento comenzó a normalizarse, las pantallas a retransmitir la ceremonia en riguroso directo y las entradas —a la venta en taquilla— equipararon el sexo con un espectáculo del Circo del Sol. Ya con el cambio de siglo las cosas se desmadraron aún más: nuevas caras cada día, cada segundo, Alexis Texas, cero vello, los tatuajes de Bonnie Rotten, vídeo y prisa, ¡más categorías para satisfacer los gustos del consumidor en línea, negros y amateurs incluidos!, todo bajo la oblicua vigilancia del gran jurado.

En la actualidad, Peter Warren—jefe supremo de la publicación— y otros 29 miembros se encargan de diseccionar horas y horas de material con una máxima entre ceja y genitales: pasar las escenas a cámara rápida, observar de cerca lo que gotea y deja huella y descartar el tedio. En ese sentido los AVN son imbatibles, precisamente porque el premio a la Mejor Actriz y Actriz Revelación cuentan con la mejor de las consideraciones, muy por encima de sus homólogos hombres florero, convirtiendo al porno en motor del cambio. ¡Chúpate esa Oscar!…, pero tampoco mucho que ya sabes lo que pasa después.

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