Rebajas y Black Friday, el arma de doble filo

Fotografía de Bruno Kelzer (Vía Unsplash)
María Díaz Moreno

La aceleración de los ciclos comerciales nos convierten en testigos de extraños fenómenos como las rebajas cada dos meses: tenemos descuentos para sufrir entre tickets la cuesta de enero, para llenar las horas vacuas de nuestras vacaciones de agosto, tenemos rebajas de mitad de temporada, outlets, saldos beatos (San Valentín, Día del Padre, Día de la Madre), y el último en llegar, el Black Friday, con su retoño resacoso, el Cyber Monday. Recién llegado sí, pero más que bienvenido por medios de comunicación, empresas y consumidores, la fecha ha adelantado, en teoría, las compras navideñas. En la práctica, atendiendo al volumen de industrias que se suman a los descuentos, que poco o nada son susceptibles de formar un regalo, se trata de una cita con necesidades de segundo grado y caprichos personales disfrazados de autocuidados.

Dentro de esta categoría de bienes y servicios que no te planteas para un amigo invisible familiar, la industria pornografía, en un sentido siempre minoritario, se ha sumado a la temporada de rebajas. Ni una página se ha quedado atrás. Las productoras, Evil Angel o Brazzer por porne un par de ejemplos, han sido las más generosas con los descuentos, y de forma más modesta las páginas personales de actores y sus derivaciones más baratas, sus onlyfans, también se han sumado al carro de la compra rebajada. En punto intermedio quedan los descuentos de los hombres orquesta como Mike Adriano o Rocco Siffredi, que venden forma y fondo a partes iguales en apariencia de paquete indivisible. Los agregadores pornográficos, por llamarlos de alguna forma, son sin embargo los que se llevan la palma. PornHub ha sido sin duda la página más agresiva al respecto, como buen gigante monopolista que es, y junto con el merchandising habitual, del que han sacado una línea navideña, ha publicado una oferta de membresía premium de por vida por 300 dólares, posicionándose así como la opción única e indiscutible para el futuro del porno, sea real o no (mucho me temo que sí) dicha afirmación.

Este tipo de descuentos, más allá de las ventajas particulares que puedan beneficiar a los clientes, son un buen punto de partida para reflexionar sobre la condición del porno como bien de consumo. En pocas ocasiones el consumidor se plantea su relación con la industria pornográfica como lo hace con otras áreas del entretenimiento. Es evidente que el cine para adultos es un producto de lujo pero su tratamiento popular dista mucho de ello. Mientras un descuento en el cine convencional se celebra de forma mayoritaria, los descuentos en la pornografía pueden llegar a percibirse o bien como un regalo cutre de despedida de soltero, o como una compra de verdaderos pervertidos, muy a pesar de lo común de su consumo. El pago por pornografía no tiene una importancia solo económica, permitiendo a la industria crecer de forma ética, sino también social, pues el dinero directo por un servicio reconoce el estatus de trabajadores a los empleados en el mismo. Entonces, por un lado está la reticencia social al pago por contenido erótico, como una degradación para el comprador, y por otro, la delgada línea que separa la oportunidad de crear nuevos consumidores legales a través del descuento y el porcentaje de rebaja justo para que dicho producto se considere, tal y como es, un bien de prestigio y lujo.

Si las rebajas os han pillado tarde y queréis apoyar social y económicamente a los trabajadores que hay detrás de vuestros orgasmos, no hay problema, siempre hay más (¡por supuesto!). Sin necesidad de esperar un mes para las próximas, existen páginas que se asemejan al groupon de las comidas no actas para menores. Discounted Porn, Porndeals o Coupons.xxx son algunas de las opciones. Si se está interesado en el consumo ético de porno pero el registro con la tarjeta bancaria en la página de Deepers es una pastilla algo difícil de tragar, en España podemos pagar por contenidos adultos dentro de otras plataformas de consumo audiovisual como Movistar + o Filmin. Así podemos disfrutar de nuestro placer legal mientras esperamos el asombro de las técnicas de venta de los próximos años. Confieso que a estas alturas de la fiesta comienzo a echar de menos en el mercado un calendario de adviento porno.

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