San Sebastián: belleza mística e icono gay

Ex voto, Ángel Zárraga, 1912 (Vía Google Art Project)
María Díaz Moreno

How did Saint Sebastian die? Arrows pierced throat and thigh, which only knew before that time the dolors of a concubine.

San Sebastiano di Sodoma, Tennessee Williams

Un hombre joven, apenas si recién pasada la adolescencia, desnudo o acaso cubierto por un paño o los restos de un uniforme castrense romano. Está sin duda en una situación muy comprometida: un grupo de militares lo han atado a un árbol y acribillan su cuerpo tenso con saetas. Si el joven sufre un terrible dolor de este tormento, desde luego no lo muestra; su rostro se torna al cielo, con la mirada ensoñada, como si pudiera ver más allá. La iconografía de San Sebastián contaba con todos los elementos necesarios para convertirse en uno de los primeros iconos LGTB en la historia del arte. Sus interpretaciones a lo largo de los siglos demuestran como la divergencia y la confluencia de la imagen pueden llevar a un mismo personaje a los extremos de un espectro.

Se cree que San Sebastián fue un soldado cristiano del siglo III que fue ajusticiado por predicar entre sus compañeros. Fue condenado a ser asaetado por los arqueros de su propia unidad y abandonado en un bosque donde dos santas mujeres lo rescataron y curaron. Contra todo consejo, San Sebastián regresó a Roma para predicar el Evangelio, donde fue apresado por segunda vez y asesinado a palos. Su cadáver terminó en la cloaca máxima de la ciudad.

En las primeras representaciones paleocristianas San Sebastián se pintó como un hombre maduro barbado, vestido con la ropa propia de su cargo militar. En la Alta Edad Media se le actualiza el ropaje y comienza a vincularse con el arco y la flecha y no será hasta el gótico cuando se le desnude para representarlo muy en la línea los cristos de la época. Se recalca durante este tiempo el sufrimiento del mártir, especialmente a través de la expresión del rostro y cubriendo de sangre y flechas el cuerpo por completo. Son infrecuentes, tanto entonces como más adelante, las pinturas de otros momentos de su vida y martirio.

Madonna della Misericordia, Piero de la Francesca (Vía Web Gallery of Art)

Posteriormente, la restricción de la temática pagana en el arte por el Concilio de Trento, aceleró el proceso de erotización de su imagen. Los artistas se refugiaron en la temática bíblica para poder practicar el desnudo y el estudio anatómico. Es entonces cuando surge la imagen de San Juan Bautista joven y aumentan las pinturas de la Magdalena o Susana y los viejos, como ejemplos femeninos.

El principal cambio viene de la mano de Piero de la Francesca, a mediados del siglo XV, con el Retablo de la Virgen de la Misericordia. Al reducir la cantidad de saetas y sangre, De la Francesca muestra más carne del santo, que ya no padece dolor en su rostro, el cual gira con devoción al cielo. Estas características se repetirán y reforzarán a partir de este momento y durante todo el Renacimiento. Además, San Sebastián disminuye de edad paulatinamente, a veces contrastando la cara de adolescente con el torso de desarrollada musculatura. Con estos cambios se introduce la mística introspectiva en el rostro del santo y la sensualidad en su cuerpo. Apenas una décadas tras este giro se crearían sansebastianes, como el de Perugino en 1495, de muy fácil interpretación erótica.

San Sebastián, Pietro Perugino, 1495 (Vía Web Gallery of Art)

I would come in a shirt of hair, I would come with the lamp in the night and sit at the foot of your stair

The Love Song of Saint Sebastian, T. S. Eliot

Las iconografías de Cristo y San Sebastián se desarrollan paralelamente, influyendo la una en la otra por dos motivos. El primero de ellos es teológico, pues se considera que el santo no solo sufrió un martirio, sino también un pasión como la de Jesús. El segundo motivo es artístico. Como apuntó Mary Beard en el documental El desnudo en el arte para la BBC, el desnudo de Cristo es omnipresente y, sin embargo, por falto de lustro y sensualidad -salvo excepciones– no se considera apenas un desnudo como tal. Jesús es un fiambre. San Sebastián es la otra cara de la moneda. Bajo el modelo de desnudo religioso de Jesús se desarrolla la imagen del santo, influida también en el Renacimiento por la copia de las estatuas griegas y romanas. La carne mística masculina cobra vida.

En relación a esto, desde mediados del siglo XV se sustituye en ocasiones el árbol al que se ata a San Sebastián por una columna, en imitación a la flagelación de Cristo. Esto da un aspecto rígido y escultórico a la figura que, por un lado, favorece su representación en bulto redondo y, por otro, la convierte en un conjunto escultórico digno de contemplación. Es, en definitiva, un hombre objeto.

Sin embargo este erotismo, esta invitación a la contemplación de la belleza no falta de significado ni de religiosidad. Es cierto que el rostro relajado de disfrute del santo despierta sensualidad, pero también lo es que se trata de un gesto pío hacia Dios. Es verdad que su cuerpo es joven y bello, pero no deja ser el reflejo físico de sus virtudes cristianas. ¿Acaso no es sensual la obra de Dios? Con todas estas características, San Sebastián es, según la investigadora María Condor, la cristianización de la figura de Apolo.

San Sebastián, Guido Reni, 1615 (Vía Web Gallery of Art)

Posiblemente, el artista clave para cristalizar todas estas características y hacer posible sus posteriores lecturas homosexuales sea Guido Reni. Los siete sansebastianes que salieron de su taller entre 1610 y 1620 son el ejemplo más perfecto de la deriva que tomó la imagen del santo durante los siglos anteriores, sublimando sus características. Estas pinturas se ajustan a la perfección a la idea de la imagen incendiada de George Bataille y que Juan Pablo Patiño Karam explica en su tésis La soberanía de la imagen, análisis de la obra literaria de Georges Bataille y Pierre Klossowski como » la imagen que expone, que despliega, que da lugar y génesis» pero que también «es incendiaria, es decir, porta un germen de destrucción».

The youngest of the martyrs here is lain,
Fair as Sebastian, and as early slain.

The grave os Keats, Oscar Wilde
Saint Sebastian, Fred Holland Day, 1906

Según Richard Kaye, en su ensayo Voluptuous Immobility: St. Sebastian and the Decadent Imagination, la reinterpretación de San Sebastián por el colectivo LGTB se dio de la mano de los escritores anglosajones del siglo XIX. Si bien están documentadas perspectivas heterogéneas desde el asentamiento de esta imaginería, no es hasta entonces cuando los artistas vierten una mirada verdaderamente moderna sobre San Sebastián.

Este fenómeno no solo es explicable desde el homoerotismo que destilan estas representaciones; ha de tenerse en cuenta también el factor dramático de las obras. San Sebastián sufre pero no lo muestra, es fuerte pero está indefenso, es bello pero está maldito. Cuando se piensa desde un todo, más allá de los evidentes ecos de penetraciones dolorosas y BDSM, se entiende cómo San Sebastián se ha establecido como icono gay en la historia del arte, por encima de temáticas más evidentes como Apolo y Jacinto.

El siglo XX ha sido prolijo en las reinterpretaciones homoeróticas del santo. Artistas como Fred Holland, Bruce LaBruce o Pierre et Gilles han tocado el tema de forma repetida, quizás más centrados en el aspecto fetichista de la iconografía que en el resto de rasgos. Quizás una de las representaciones contemporáneas más fieles y completas de la imagen del santo sea la del director Derek Jarmn en su Sebastiane (1976). En esta película se pueden apreciar la multiplicidad de facetas de San Sebastian, como ocurría en la obra de Reni, modernizadas en la época de la liberación sexual y antes del azote del sida.

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