Sex Wars: MasterCard y Visa contra Pornhub

Vía Pxhere
Javier Vidal

Se origina un prolapso anal en el sexo online y apenas salpica por las tierras del Cid, quizás porque estamos en pandemia y lo mejor es quedarse en casa haciendo ganchillo. O quizás porque el conflicto, entre otras muchas cuestiones, gravita en torno a un problema que afecta directamente a nuestras libertades más íntimas: cómo, dónde y cuándo deseamos utilizar la tarjeta de crédito. Por supuesto, aquí hay mucho látex que cortar.

El 4 de diciembre de 2020, el periodista y ganador de dos premios Pulitzer, Nicholas Kristof, publica en su columna del New York Times una minuciosa investigación sobre el imperio cárnico de Pornhub, décimo sitio más visitado del mundo con una media de ocho minutos —lo que dura una paja— y más de 3.5 billones de visitas al mes. Trufado de testimonios de menores estigmatizadas después de la publicación —sin consentimiento, por supuesto— de sus videos en la plataforma —ya se sabe que a más volumen más usuarios y por lo tanto más euros—, el artículo pone de manifiesto la escasa o nula supervisión de las imágenes por parte de los moderadores de la compañía, responsables de su visionado y contenido. De esta forma, vídeos etiquetados como “V**lación”, “Menor de edad” o “Chica de instituto es engañada por sus compañeros de clase y conducida a una azotea donde es insultada y violada” han generado millones de vistas con efectos demoledores en las vidas de sus respectivas protagonistas. De hecho, las demandas de todas ellas fueron ignoradas por Mindgeek, conglomerado propietario de Pornhub con base de operaciones en Canadá y sede en Luxemburgo… por razones impositivas, claro. Lógicamente las consecuencias de dicho artículo no se hacen esperar y el 15 de diciembre, la compañía, en muestra de buena voluntad, “accede” a eliminar el contenido de todos sus usuarios no verificados, es decir, la friolera de casi seis millones de videos, manifestando en un comunicado oficial su política de tolerancia cero en lo que a «abuso infantil se refiere». Huelga decir que las supuestas acusaciones vertidas por Kristof son tachadas de «irresponsables y flagrantemente falsas» por los abogados de la empresa y en ese mismo comunicado no se hace referencia alguna a la presión de la ONG cristiana Exodus Cry, Aura Freedom International o el Centro contra el abuso a mujeres de London, responsables de la recogida de millones de firmas exigiendo una investigación exhaustiva y su cierre inmediato.

En este punto, trabadas entre las facciones más conservadoras contra el tráfico de personas y el exceso logarítmico, MasterCard y Visa lanzan la bomba de un año que ya había explotado en 2019 con la retirada de Paypal: a partir de ahora no será posible realizar pagos con sus tarjetas «en una página infestada de violaciones, pornovenganza y violaciones de niños». Boom.

Los trabajadores sexuales (+18) de Pornhub no han tardado en reaccionar al ver cómo su principal fuente de ingresos se volatiliza como las ganas de follar después de un buen orgasmo con estimulación prostática. Incluso la estrella Asa Akira publicó en sus redes que «todo responde a una conspiración de activistas de la derecha evangélica, antifeministas y antiporno que lo único que pretenden es darle un empujón a sus agendas en las guerra contra el sexo en Internet».

La sospechas de una de las caras más visibles de la plataforma apuntan, entre otros, a Benjamin Nolot, y parece estar en lo cierto al afirmar que «Facebook, Twitter e Intagram concentran la mayor parte de casos relacionados con el abuso de menores. De hecho, la primera ha contabilizado la friolera de 84 millones tan sólo en los últimos tres años. Pornhub un total de 118». Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Tenga quien tenga razón algo se fragua en las trincheras de esta guerra política, religiosa y financiera. Además de los jóvenes—siempre los más vulnerables dentro y fuera del 5G—, los actores porno, que ya habían sido desbancados del cine convencional, se enfrentan a una previsible pérdida de sus trabajos a pesar de subir contenido 100% legal en sus perfiles verificados. El problema es que en ese mundo, el del sexo y sus fluidos, no pagan justos por pecadores, porque todos somos pecadores a ojos de la moral bienpensante. El futuro, si es que aún es posible utilizar esa palabra en este tiempo raro, pasa por la consolidación de webs en las que se elimine cualquier rastro de explotación infantil y relaciones no consensuadas, perseguir la trata de personas hasta sus últimas consecuencias y dejar a los consumidores que sigan disfrutando de su ficción favorita después del ajedrez. ¡Podrán quitarnos la vida pero jamás nos quitarán la American Express!

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